Subgéneros románticos como herramientas de trabajo

Imagínate en un día cualquiera. Estás paseando tranquilamente por el parque, o volviendo a casa tras una jornada agotadora de trabajo. O estás esperando a que la puerta del colegio se abra y tu hijo aparezca a tropel, o que tu cita vuelva del baño mientras el camarero sirve una buena copa de vino. Y de pronto sucede…

Más o menos funciona así. Sí, es cierto que la inspiración solo nos llega si trabajamos. Si a diario le dedicamos unos minutos o unas horas. Si la abonamos cuidadosamente. Pero aun así las ideas llegan cuando les place, como un amigo maleducado, sin ninguna consideración, sin pensar que nos inundan en los momentos menos oportunos. Pero, claro, no podemos luchar contra ellas. Al contrario, debemos aprovecharlas. De esta manera tan inapropiada (como comentamos al principio) nos llegan a la mente ideas de nuevos argumentos que con el paso del tiempo convertiremos en una novela. ¿La maldición del autor? No es tan drástico, dejémoslo en una visita inesperada.

Esas locas ideas por lo habitual van a aparecer en nuestra cabeza desde cinco puntos distintos del firmamento. De forma individual o colectiva.
  1. Puede que lo que nos asalte sea el diseño de un personaje (de repente nos llega la visión de cómo será el protagonistas de nuestra próxima novela mientras estamos cenando con los amigos), o la relación entre los protagonistas. 
  2. Puede que lo que nos acaba de asaltar sea la composición de la obra. De pronto sabernos que esa próxima novela tendrá un narrador protagonista y vamos a contarla hacia atrás, como un racconto, y que comenzará con una gran explosión en un central nuclear.
  3. Puede que esa loca idea llegue en forma de tema; la esclavitud, o la soledad, por ejemplo.
  4. Puede que solo sea algo que nos preocupa o nos obsesiona, como la letra de una canción, o la crisis financiera. También un escenario, o una época histórica concreta.
  5. O puede que sea una historia, una versión reducida y arcaica de un argumento. Dos personas se encuentran, se enamoran, y algo sucede que les impide consumar su amor.
Una vez meditemos sobre esto, desarrollaremos un argumento que en narrativa romántica es habitual anclarlo en un subgénero concreto (histórico, Regency, paranormal, contemporáneo, time travel, etc.) Bien, pues tomemos cualquiera de esos argumentos en los que se ha convertido nuestra idea. Cualquier argumento que de pronto se forme en nuestra cabeza como una nebulosa marciana y que no nos deja tranquilos hasta que lo pasemos a papel, le creemos personajes, escenarios, tramas y subtramas y un final positivo. Pensemos en ese argumento cualquiera y centrémonos en él. Para trabajar vamos a tomar uno prestado (¿nos dejas, Jill?), a Jill Smolinski:
«June transita por la vida como cualquiera de nosotros, pero tras un accidente de coche, su amiga del grupo de autoayuda, Monica, muere, y June, llevada por el sentimiento de culpa, decide hacer realidad la lista de sueños de Monica, de la que el número 1 es «besar a un desconocido».

Tenemos un argumento perfecto que nos encaja como un guante. A pesar de su dramatismo inicial se perfila como una historia divertida y amena. Ella es una mujer de hoy en día, joven e independiente. Urbana. Y tenemos a un personaje masculino que se apunta como el receptor de las acciones de la lista de sueños. Al tratarse de subgénero chick lit tenemos una novela de personajes, que se centra básicamente (esto no es una regla inamovible) en la relación entre ambos y las situaciones que ésta genera, que en este subgénero siempre intentan ser cómicas.
¿Qué sucedería si este mismo argumento lo trasvasáramos a un subgénero diferente? Por ejemplo (busquemos uno bastante diferente) Histórico/medieval/Highlands (casi nada). Lo primero que debemos tener claro es que el argumento original está creado bajo el prisma de un subgénero distinto por lo que vamos a intentar mantener aquellos aspectos que nos sean posibles, como el sentido del humor y la independencia del personaje femenino. Lo segundo, saber qué cambios son necesarios para que encaje en este nuevo subgénero. Se me ocurren dos básicamente:
  1. Debemos ambientar la novela en la Escocia medieval, con todo lo que ello implica en cuanto a costumbres, reglas sociales, paisaje rural, posicionamiento de la mujer, etc.
  2. Debemos añadir al personaje masculino un perfil bélico, habitual en el subgénero.
Además, sobre el argumento original hay aspectos que me gustan y no voy a renunciar a ellos, como la idea de una lista, en aquel caso desueños, o el dramatismo de una pérdida al comienzo de la novela.
Este subgénero (Histórico/medieval/ Highlands) lo podemos calificar como Mixto, o lo que es lo mismo; puede encajar igual de bien en una novela de personajes que en una de acción. En este caso le daremos el tratamiento de novela de personajes centrándonos en la relación entre ambos como motor de la obra. Veamos qué nos quedaría:
«Lady June, joven condesa de Dingwall, pierde a su querida ama, Monica, durante el asalto a su castillo por las tropas de Ewan MacBell. Llevada por el sentimiento de venganza y a pesar de ser algo patosa, decide repetir la lista de pecados por purgar de su difunta ama, del que el número uno es «Apuñalé al que me ofendió».

Hemos tenido que darle un nuevo estatus social al personaje femenino, transformar la relación de amistad entre ambas mujeres en una de afectuoso vasallaje, cambiar sueños por venganza, y generar un punto de encuentro entre los protagonistas (asalto al castillo) para que su encuentro sea posible y coherente con el subgénero. Por lo demás hemos mantenido el sentido del humor propio del chicl lit. De esta manera acabamos de inspirarnos en el argumento de Jill para crear uno nuevo, diferentes (imagina lo que puedes hacer con tus propios argumentos). Y solo hemos tenido que respetar las normas del nuevo subgénero al que lo hemos transportado así como mantener algunas del subgénero de origen.
Pero demos un nuevo paso. Hagamos una nueva transformación utilizando las mismas herramientas. En este caso emigraremos desde aquí hacia un subgénero de acción como es el Fantasy, que también tiene sus propias reglas y necesidades.
En esta ocasión vamos a necesitar generar una nueva trama (la principal) que sumar a la anterior y que por lo tanto será diferente a la que tenemos, que soportará la acción y que llevará por sí misma la historia de fantástica (imaginemos que existe un antiguo conjuro perdido que al llevarlo a cabo puede destruir el mundo conocido). Nos vamos a poder mover en cualquier época, pero vamos a elegir la actual. ¿Vemos el resultado?
«Todo lo conocido está a punto de desaparecer ya que alguien está llevando a cabo los antiguos ritos, y Ewan, un Ejecutor, es el encargado de impedirlo. June, una joven insegura, patosa y tímida, acaba de heredar de su adorada tía Monica una caja de zapatos con una larga lista de lo que parecen ser viejos deseos pero que en verdad son arcaicos, poderosos y oscuros hechizos. Como homenaje a su difunta tía decide ponerlos en práctica… sin darse en cuenta que al invocarlos está desencadenando el Armagedon. El primero de ellos es «besar a un desconocido en un cementerio».

Hemos mantenido el perfil guerrero de Ewan, el perfil algo patoso de la protagonista lo que nos permitirá mantener el sentido del humor del argumento original, la pérdida de un ser querido y la lista de sueños convertida ahora en conjuros. El resultado es un nuevo argumento, diferente y encajado también en un nuevo subgénero.
Con toda esta palabrería, por la que te pido disculpas, quería poner de manifiesto la importancia de los subgéneros en la novela romántica. Son una percha sobre la que podemos colgar cualquier argumento y, como buena pecha, darán una nueva forma a nuestra obra. Un argumento mediocre en Regency puede funcionar muy bien en SEAL. Una idea sin terminar de perfilar puede volverse sólida si la hacemos transitar de un subgénero a otro y vamos tomando nota de las mejoras. Además, al traspasar de uno a otro la esencia del subgénero origen, transformamos el subgénero receptor y eso nos aporta argumentos más frescos y originales. ¿Ves las posibilidades? Son enormes pues es muy variado el ámbito de subgéneros a donde emigrar.
Piensa también en el camino infinito que aportan las mezclas o mestizajes. Podemos elaborar un argumento y crear para él un subgénero nuevo. Pensemos en algunos:

Regency/Fantasy, donde el mundo mágico transita en una novela con todos los convencionalismos de la novela regencia.

Suspense/medieval/Highlands, donde, en medio de la batalla, uno de los protagonistas trata de solventar un misterio a la manera de Agatha Christie. 

Paranormal/SEAL, donde las tropas de élite deben enfrentarse a una misión muy especializada para cazar hombres lobo.

Sí, piensa que estos mestizajes ya han dado fórmulas de éxito, como Crepúsculo, que mezcla una novela paranormal con la esencia de una sentimental, o toda la obra de Kimberly Raye, que mezcla el subgénero paranormal con el chick lit.
Además podemos transitar por subgéneros que aún no se han introducido o lo han hecho tímidamente en la narrativa romántica, como la novela negra, o el realismo mágico, o la novela de viaje….

¿Por qué no eres tú la primera?
Artículo publicado en en el número 16 de la Revista Romanticas Magazzine

Siete fuentes de inspiración para crear una novela romántica

Nos gustan las novelas románticas, sí, pero sobre todo aquellas que tengan la capacidad de emocionarnos y sorprendernos. Observa que ambas expresiones (la emoción y la sorpresa) tienen que ver con las habilidades del autor para construir una trama bien urdida, con los vericuetos adecuados para hacernos transitar por la experiencia amorosa de dos protagonistas cuyo final tenemos certeza de saber cuál será desde el principio. Pero también tiene que ver con la originalidad de la idea, del argumento, del trazado creativo que el autor o la autora ha creado para manejarnos. Sí. Porque eso es lo que debe hacer un buen autor; llevarnos por senderos que creemos conocidos para que de pronto descubramos que nada de lo que creíamos como establecido es tal, y que el camino se llena de imprevistos.
Desde mi punto de vista lo más interesante de la novela romántica es su estructura. Y eso es a su vez su gran hándicap (hablaremos de ello otro día). Pues desde este punto de vista toma un papel relevante la originalidad de la idea, del argumento, y sobre ello vamos a dar algunas vueltas a partir de ahora.

¿De dónde se puede extraer una idea original para una novela romántica? Por supuesto de la inspiración, que no es otra cosa que trabajar mucho y de forma constante, pero transitemos por las diferentes posibilidades y conozcamos los mecanismos que llevarán a una escritora a poner a nuestra disposición sus ideas creativas en formato novela. Vamos a ver siete posibilidades o fuentes de ideas que son posibles de aprovechar.

Esta primera fuente de inspiración es la reelaboración de ideas ya descritas. No hablamos de plagio, sino de inspiración. Todas las historias que es posible contar ya estaban contenidas en La Ilíada, así que no estaría de más beber de fuentes, clásicas o no, y extraer de ellas algún hilo conductor que nos inspire para elaborar un argumento diferente y original (muy utilizados han sido los cuentos clásicos, desde La bella durmiente hasta cuentos recogidos en Las mil y una noches, desde antiguas narraciones japonesas a mitologías hindúes). Piensa en la fábula de la cigarra y la hormiga… ¿y si los convertimos en nuestros protagonistas, hombre y mujer?, ¿y si ambientamos la obra en 1800?, ¿y si los unimos por medio de un conflicto amoroso?… ya tenemos una obra nueva inspirada en un mito popular.
La segunda fuente de inspiración es el personaje.  Consiste en partir no de intentar generar un argumento, sino de intentar diseñar un personaje diferente. Para ello debemos eliminar toda idea preconcebida y centrarnos en crear un tipo atractivo. Despojémosle de cualquier atributo para ir creándolos poco a poco. Imaginemos a una mujer, cercana a los cuarenta, morena, sin demasiados atractivos físicos. Poco hasta aquí. Tiene una ligera cicatriz bajo el lóbulo de la oreja, visible solo a la fuerte luz del sol, ¿a qué será debido? Imaginemos que tiene un pasado turbulento, por ejemplo que ha matado a un hombre por venganza. Pensemos que es apasionada y vehemente, aficionada a las matemáticas y a leer novelas de terror… investiga dentro de ti sobre ella, descubre dónde vive, cómo vive, qué le gusta o desagrada… observarás que pronto aparecerá una historia que solo hay que apretar un poco para que sea una historia de amor.
Vayamos con la tercera. La más obvia; el argumento. Lo habitual, y no por ello debemos desecharlo, es comenzar a diseñar una novela imaginando un argumento. Aunque insisto en que no siempre es el camino más fácil. Para imaginar un argumento es recomendable comenzar por el conflicto. Por ejemplo; Belle es una mujer comprometida con la causa confederada durante la guerra civil americana, pero tiene la mala suerte de enamorarse del yankee que está persiguiendo hasta la muerte a sus hermanos. Aquí está lo básico (los protagonistas y el conflicto). Ahora todo esto habría que llevarlo a un final positivo.
El cuarto motor de generar ideas es las ganas de escribir. Puede parecer simple, pero la escritura es más una necesidad que un hábito, por lo que si necesitamos escribir una novela,  ésta terminará manando de nuestros dedos a través de las techas de nuestro ordenador. ¿Cuál es el consejo en este caso? Hazlo. Empieza en cuanto dejes de leer este artículo. Abre un documento en blando, prepárate un buen café (o té, o vino, o agua con azúcar) y deja que surjan las palabras. Deslabazadas. Te aseguro que pronto tomarán la forma de una historia.
Sigamos con la quinta, que no es otra que un esquema de la composición. Otras veces el pistoletazo de salida de una novela magnífica viene dado no por lo que queremos decir, sino por cómo queremos decirlo. Por ejemplo, te apetece contar una novela en tercera persona, con un narrador activo dentro de la trama, que se base en la unidad de espacio y tiempo. Que transcurra en un solo día, de forma rápida y ágil, en el interior de una casa de campo y con solo tres protagonistas. A partir de aquí empezaremos a trabajar, buscando qué trama es la que puede hacer atractiva al lector la lectura de este reto de limitaciones, ¿en qué subgérero la enclavamos (de pronto me parece interesante el histórico)?, ¿qué personajes?, etc.
Como motor de ideas número seissituamos cualquier cosa que nos preocupe o nos obsesione. Es posible que estén en el ámbito de los deseos o de los secretos. Observa que los deseos suelen hacer que nos movamos, que actuemos, así que eso producirá en nuestros personajes. Mientras que los secretos nos paralizan, nos obligan a retroceder y lo mismo les pasará a los actuantes de nuestra novela. Nuestras obsesiones y problemas son una gran fuente de inspiración. Imagina que  la semana pasado tuviste un malentendido en tu trabajo, o con una amiga, que te aguó el fin de semana. Ya tienes un tema para montar una novela romántica. El conflicto puede ser una serie de malentendidos encadenados. ¿Una Chick Lit? sería divertido. ¿Una de Suspense Romántico?
Y en el número siete colocamos un motor muy genérico que bautizamos con el nombre “Una idea cualquiera”, que puede ser un tema, o simplemente algo percibido en una anuncio  de televisión, un recorte de prensa, o que has oído en el autobús mientras intentabas disfrutar de la última novela de Claudia Velasco. Busquemos una de estas ideas al azar… por ejemplo la escasez de agua en el mundo. Es un buen principio, ¿no? Indaga sobre el tema, documéntate. ¿Aparece ya una historia por tu cabeza? Una doctora en Kenia ha decidido

Emoción y sorpresa. Dos sensaciones que siempre buscamos los lectores de novela romántica y que los autores tienen la obligación de darnos. 
Artículo publicado enel nº 15 de la revista Románticas Magazzine