EL AMOR ROMÁNTICO y LA NOVELA ROMÁNTICA.

El amor es un fenómeno químico inherente (al menos) al ser humano, difícil de controlar, imprevisible, del que aún sabemos muy poco. Encontramos textos que hablan de los mismos efectos que el amor provoca en ti y en mí en jeroglíficos egipcios del Imperio Nuevo, en tablillas mesopotámicas, en poemas griegos y romanos, y así hasta nuestros días. Lo que hoy se suele llamar “amor romántico”, en cambio, es un comportamiento aprendido que surge a partir del amor y que tiene diferentes ramificaciones que hoy son puestas en duda al no dar respuestas válidas a los cambios sociales que estamos presenciando. La novela romántica es un género literario que tiene como conflicto principal una relación amorosa.


El objeto de este artículo es reflexionar sobre lo que hoy conocemos como “Amor romántico” y cómo la novela romántica se relaciona con él.


El género romántico, como novela de alto consumo, es uno de los que más vende entre los de ficción, y en el creciente mercado digital ya supone un 22,6% de todas las ventas. Los datos objetivos no son fáciles de encontrar ya que, como reconoce el Gremio de Editores de España en su informe de 2018, “es difícil de evaluar (el análisis) por materias, pues una novela puede ser contemporánea, romántica y erótica a la vez”. Hablamos de un género que ha aumentado sus ventas un 20% en el último año.


Un tipo de literatura tan leído, tan demandado, tiene una acusada capacidad para permeabilizar ideas sobre un grupo amplio de lectores cuyas características definió muy bien el portal “El rincón de la novela romántica” (de los más antiguos -quizás el más-, y visitados) en una encuesta a sus usuarios de hace varios años. De ahí podemos extraer que el perfil del lector de este tipo de publicaciones es mujer, con edades comprendidas entre los 16 y los 40 años (de 16 a 30 el 33,9% y de 31 a 40 el 40,2%), el 52,4% tiene carrera universitaria, el 48,5% son trabajadoras, y el 57,5% mantiene una relación estable. El 55% considera que la novela romántica no es machista y el 45% considera que quizá lo fuera en el pasado pero que las cosas han cambiado. Hablamos de lectoras que compran hasta 4 novelas al mes (el 50,9%) e incluso más de 5 (el 48,5%).


Por lo tanto, en vista de la influencia que la literatura puede ejercer sobre la opinión, es interesante analizar qué tipo de principios, comportamientos, ideologías, está cimentando este tipo de novelas sobre un sector tan extenso de la población.


Hay evidencias de que el amor romántico (no el amor a secas, como especificaba al principio, que es un fenómeno inherente al ser humano) está en vías de extinción en una sociedad como la nuestra, donde la igualdad, la diversidad, el desmontaje de antiguos roles, avanza (menos mal) a pasos agigantados.


Pero, ¿qué entendemos como amor romántico? Busquemos una definición aséptica y tiremos de Wikipedia: “Las características más señaladas de este tipo de amor se confirman y difunden a través de relatos literarios, películas, canciones. Se trata de un tipo de afecto que ha de ser para toda la vida (te querré siempre), exclusivo (no podré amar a nadie más que a ti), incondicional (te querré pase lo que pase) e implica un elevado grado de renuncia (te quiero más que a mi vida)”.


Si le das una vuelta a este concepto verás que es más amplio y con más ramificaciones dependiendo del grupo social o ideológico que lo analice, pero estos cuatro puntos suelen ser afines a todos ellos.


Hagamos un recorrido con cada uno de estos aspectos:


Un amor para toda la vida:

 

Este primer gran principio del llamado amor romántico es difícil de sostener hoy en día. Según el INE, la duración media de los matrimonios en España es de 16,3 años. Según la comunidad científica, la química del amor dura aproximadamente 3 años, que es lo que tarda en desarrollarse y desaparecer el cóctel químico que nuestro cuerpo segrega cuando nos enamoramos. Así que, lo veamos desde el punto de vista de las relaciones o desde un punto de vista meramente científico, es difícil que el enamoramiento (no así la pareja) dure hasta que la muerte nos separe. Lo natural, y posiblemente lo habitual, sería una consecución de amores (en línea o en paralelo) a lo largo de nuestra vida, que además es más larga cada vez.


Un amor exclusivo:


Este principio implica que somos la mitad de algo, por lo que debemos buscar a nuestra otra mitad (nuestro enamorado/a) para ser completos y, una vez encontrado/a, será para siempre y llenará cada aspecto de nuestra vida, eternamente: será nuestro mejor amigo, nuestro mejor amante, nuestro compañero en cada momento, nuestro apoyo, nuestro psicólogo, etc. Dicho de otra manera, cada uno de los aspectos que en las sociedades tanto primitivas como avanzadas deben cubrirse mediante el clan, el grupo, la comunidad, recayendo sobre un solo individuo. Esto, aparte de imposible, es tremendamente injusto e irreal. Hoy entendemos que no somos la mitad de nada, y que para tener una relación plena debemos ser plenamente nosotros mismos.


Un amor incondicional:


Al día de hoy sabemos que, si el amor químico desaparece a los tres años, y estamos evolucionando a una sociedad igualitaria y diversa (menos mal), es difícil que una relación perdure en el tiempo si no es teniendo claras las condiciones y límites entre las partes. En contraposición a esta idea, lo que vamos viendo a nuestro alrededor es una visión más realista, elástica e igualitaria de las relaciones, que se diseña poco a poco, al gusto de sus componentes, de forma equitativa. Relaciones que se basan en el compañerismo y el trabajo en equipo.


Elevado grado de renuncia.


Al menos en lo que se refiere al sexo parece que este principio tampoco se cumple hoy en día. Según publicaba el diario El Mundo en junio de este año, el 30% de las mujeres españolas ha sido infiel a su pareja (lo que se conoce como una relación abierta no consensuada) frente al 42% de los hombres (casi uno de cada dos). A la vez, conceptos que hace unos años nos parecían meras curiosidades, como las diferentes formas de poliamor (relaciones abiertas consensuadas), se van naturalizando en una sociedad que no encuentra del todo respuestas en el tradicional modelo monógamo.


Llegados a este punto tengo que aclarar dos cosas. La primera, como es evidente, es que estoy de acuerdo con que el modelo del amor romántico no responde a las necesidades actuales de nuestra sociedad. La segunda, que soy escritor de novela romántica.


¿Cómo pueden casar estos dos puntos? Sobre todo, cuando suele ser habitual identificar a la novela de este género como una “herramienta” para consolidar los valores que emanan del amor romántico.


Lo primero que debemos tener claro es que este amor romántico es transversal a la literatura en todos sus géneros. Si hablamos de novela, lo vamos a encontrar en las de terror, en las de ciencia ficción, en las contemporáneas, en la negra y todos sus derivados, en la experimental, en el thriller, en las landscape, etc. Si hablamos de autores, hallaremos amor romántico en los clásicos, en los contemporáneos, en autores de bestseller, en los que hacen literatura experimental, etc. ¿En todas estas novelas? ¿En todos estos autores? No. En algunos. Y lo mismo sucede con la novela romántica. ¿En todas las novelas románticas? ¿En todos los autores? No. En algunos: encontrarás novelas y autoras que plantean sus obras desde los preceptos del amor romántico, y otras que lo hacen desde puntos diametralmente opuestos, buscando respuesta a los nuevos retos que desafían a nuestra sociedad. Como en el resto de géneros literarios, ni más ni menos. 


Es más, la novela romántica y al contemporánea tienen una característica común: tratan principalmente de relaciones (amorosas la primera y personales la segunda), y se han centrado en indagar las diferentes posibilidades entre dos entidades. Esto, desde mi punto de vista, ha hecho que vayan un paso por delante en analizar y explicar las nuevas formas de relaciones entre individuos a través del amor (en el caso de la romántica), cuando en otros géneros ni siquiera se lo plantean.


¿Cómo es esto posible en un género que, quienes no lo han leído, lo tachan de conservador? Pues así es. Encontramos novelas que plantean relaciones poliamorosas antes incluso de que este concepto se hiciera “moderno”, como es el caso de la saga Crepúsculo, con casi 15 años a sus espaldas desde que se editó el primer volumen. O, aparte de polémicas, novelas que tratan para el gran público mayoritario el sexo de forma clara y explícita, sin tapujos, y se adentra en las relaciones no tradicionales, como es el caso del BDSM.


Es cierto que en el pasado la novela romántica explotó al máximo el amor romántico como modelo relacional (es lógico, era el modelo imperante), pero hoy en día no es una generalidad. Con la aparición de autoras de habla hispana (sobre todo españolas) este canon griego, macerado en Roma, impulsado por el amor cortés y difundido por la sociedad victoriana, ya no es el modelo central del género.


Al contrario de lo que se puede pensar, la heroína tipo de la novela romántica que se escribe y lee en la actualidad no tiene nada que ver con lo que el estereotipo hace pensar. En la mayoría de los casos se trata de mujeres independientes, empoderadas, que hablan de igual a igual, que no necesitan ser protegidas, guiadas ni acompañadas, sino que se enfrentan al amor como el cóctel de enzimas que es e intentan reaccionar ante él con la cordura de que son capaces. Y en la novela romántica no hay límites, otra de sus virtudes: se estudia el poliamor en todas sus facetas, las relaciones interraciales, entre clases, entre especies, diversas, el sexo en todas sus variedades, los sentimientos más allá de las tragedias griegas.


¿Y el “felices para siempre”? Toda novela romántica termina con un final positivo que genera en el lector esta sensación, es cierto… ¿Cómo casa esto con todo lo anterior? Aquí me atrevo a darte mi opinión: la mayoría de las novela románticas trabajan el proceso de enamoramiento (dos entes se conocen, aparece el amor, hay un conflicto que impide que se consuma, hasta que se resuelve el conflicto con un final positivo), y no conozco a nadie que cuando se enamore no piense que no será para toda la vida, dure un día, una semana o cincuenta años.


En conclusión, amor romántico y novela romántica no es lo mismo. La novela romántica trata sobre el amor, entre otros, el amor romántico.


PREMIO VERGARA DE NOVELA 2019

He ganado dos premios literarios y he sido finalista de otro. Me refiero al Premio Vergara (Penguin Random House), al Premio Titania (Urano)y al Premio Amazon, y en los tres ha sucedido lo mismo: me han dado la noticia mientras estaba en el cuarto de baño.

Esto tengo que matizarlo porque puede dar a equívoco.

En los tres me han llamado por teléfono a una hora parecida y en los tres yo estaba en un lugar concurrido, con mucha gente alrededor, donde me costaba oír lo que me decían. ¿Solución? Buscar un cuarto de baño público y encerrarme en él para poder hablar tranquilamente.

Y es una buena solución a medias, porque la sensación de hablar con alguien que te está dando una de esas “mejores noticias de tu vida” mientras miras a tu alrededor y piensas… “¿qué hago yo aquí?”… rara. La sensación es, cuanto menos, rara.

Bueno, pues solo eso. Quería compartir contigo la alegría de haber ganado el X PREMIO VERGARA DE NOVELA 2019 por mi obra NO SOY LIZZY BENNET, que saldrá a la luz en abril de 2020. Nos leemos mucho hasta entonces.

Sexo

Cada vez soy más consciente de que la escritura supone para mí un proceso terapéutico.

Lo que otros consiguen aliviar en una tarde de bar con amigos o en la consulta de un especialista, yo lo hago con 400 páginas de entuertos y drama donde busco un final positivo.

Cada uno nos diseccionamos como podemos o como sabemos, siempre con esfuerzo y alguna lágrima.

Mi próximo proyecto literario va a tener como tema central el sexo, lo que me ha hecho darme cuenta de que algo debo llevar arrastrando en ese asunto.

Sospecho que tendrá la forma de una novela erótica, pero aún no lo sé.

Me encuentro en pleno proceso de documentación. Un proceso que he emprendido por una cuestión de seriedad ya que, un tipo de mi edad… ¿Qué puede aprender a estas altura sobre sexo?
Y aquí viene la sorpresa (que ya sospechaba): CASI TODO.

En estos dos último meses he descubierto que soy un analfabeto sexual. Me he sentido un troglodita, un espécimen primitivo, tan básico que sigo con la boca abierta al comprender cuántas balas he dejado en la recámara (¡qué metáfora más espantosa!)

El área principal de mi desconocimiento ha sido anatómica. Tengo la pared de mi estudio tapizada de imágenes ampliadas de cosas extrañas, curiosos apéndices, grutas vírgenes, laberintos inexplorados, cumbres nevadas… cuerpos humanos, al fin y al cabo. Algunas son fascinantes. Otras retuercen la boca cuando se las mira. Pero todas encierran el misterio del placer, así que he decidido ponerles velas e incienso cada mañana.

Debajo hay una lista de palabras impronunciables. Lugares que yo (y posiblemente tú) hemos pellizcado, besado, chupado, acariciado, pero cuyo nombre y características desconocía. Dar nombre a algo es como invocarlo. Divinas palabras. Ya lo dijo Valle-Inclán.

En el otro lado de mi bolsa de desconocimiento están las técnicas amatorias.

De repente me he introducido en un mundo donde es importante el ángulo, los quebrados, las fracciones. Todo muy técnico y a la vez intuitivo, como las matemáticas, sí señor.

Me ha subyugado el Tantra. Alcanzar la iluminación por medio de amor. ¿Puede haber algo más hermoso?

Sigo investigando. Ya te contaré.

¿CÓMO ES LA FELICIDAD?

Este sábado ha sido uno de los días más felices de mi vida, y quiero contártelo.

Durante toda la semana el sol lució en una primavera temprana, así que ansiaba un sábado de sol para tirarme al campo, pasear, comer al aire libre. Sin embargo amaneció nublado, frío, gris. Como un jarro de agua fría a mis expectativas.

Intenté no hacerle caso. Me levanté pronto (no es un mérito, forma parte de mi naturaleza, como las piernas y los brazos) y me fui a entrenar.

El primer regalo tuvo forma de abrazo. Una compañera con síndrome de Down decidió abrazarme, lo que ya me imprimió la sonrisa de bobo para toda la mañana.

Conforme subía a la sala tuve el segundo regalo. La monitora vino hacia mí, me señalo las grandes cristaleras que siempre están cubiertas por oscuros estores y me dijo «Hoy los he dejado subidos porque he supuesto que vendrías».

El tercero me lo dio la naturaleza, pues conforme me acercaba a la zona de entrenamiento brilló el sol con fuerza.

En el desayuno, el camarero me regaló una ración de calentitos (churros para ti). «Porque sí», me dijo. Tostada y churros. ¿Alguien da más?

Tenía un encargo que hacer. «Cuando vuelvas a casa, ¿puedes comprar alcachofas y espárragos?». Tres fruterías y no quedaban. En el Súper ayudé a una reponedora que estaba agobiada con su trabajo. Después le pregunté por las dichosas verduras. «Los alcauciles se han terminado, pero yo me he reservado unos pocos. Espera que te doy la mitad». ¿Y los espárragos? «Guardados porque no podemos sacarlos hasta el lunes, pero mando a un compañero al almacén». En la cola, cuando fui a pagar, la anciana que iba delante de mí me dejó pasar «Hace un día precioso y tú eres joven para disfrutarlo».

En casa me encontré con una buena amiga que no esperaba. Las cervezas y las risas dan casi tanto calor como el sol.

Comí al aire libre. Dormí la siesta. Y durante todo el día estuve recibiendo mensajes de WhatsApp, Messenger, Instagram, de mis amigas y lectoras que estaban en Madrid, en el VIII-RA, echándome tanto de menos como yo a ellas. De verdad que me sentí querido. Tanto que me llevé la tarde escuchando mi música favorita ¿No te hace feliz oír la música que te remueve las entrañas?

Antes de cenar pude localizar a una lectora que me había hecho una mala crítica de una novela, para darle las gracias. Porque tenía razón. Porque no decía nada descabellado. Y porque cuando nos ponen en nuestro sitio hay que aprender y ser agradecidos.

No tenía previsto salir, pero recibí mensajes cruzados que me preguntaban dónde estaba. Me tiré a la calle. Me encontré con gente que hacía mucho que no veía. Con amigos que veo a menudo pero con quienes no tenía pensado quedar. Conocí a nuevos amigos. Me reí con dolor de mandíbula. Apretándome el estómago. Con lágrimas de risa.

Después bailé. Y casualmente pincharon mi música favorita, por lo que tuve que darle las gracias al Dj, que pinchó más de lo que me gustaba. Un gustoso dolor de pies.

Cuando volvía a casa, muy entrada la madrugada, me regalaron un Kebab. Sí, un kebab.

Dejé de contar los regalos que me había entregado ese día antes de que el sol estuviera en su cénit, y se me olvidan muchas cosas, te lo aseguro. Para colmo he dormido a pierna suelta.

Este sábado ha sido uno de los días más felices de mi vida. Y no ha pasado nada extraordinario. O todo lo que ha sucedido ha sido de verdad extraordinario.

Así es para mí la felicidad. Así. La verdadera felicidad.

MONTAÑEROS, UNA ESPECIE EN EXTINCIÓN #1

Ya tienes a la venta la primera entrega de la Serie Montañeros. En esta ocasión “UNA ESPECIE EN EXTINCIÓN“.

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SINOPSISLos Mountain, una familia de hombres marrulleros, hoscos y salvajes, son los dueños de la montaña. Al menos así lo creen ellos, que tratan al resto de habitante de Great Peak como si fueran forasteros, aunque sus antepasados llegaran a la zona cien años atrás. 

Cuando tío Rhett Mountain decide explotar la mina de plata descubierta en sus propiedades, todos saben que la apacible vida de la comarca desaparecerá con ella. Pero Jedidiah Mountain, el mayor de sus sobrinos, tiene una idea para que los planes de su tío no se lleven a cabo.

Mientras tanto, la bióloga Julia Vanderbilt está decepcionada porque su carrera profesional se encuentra limitada a los oscuros sótanos del museo donde clasifica especímenes que otros han encontrado.

Cuando su jefe de departamento, el apuesto Richard Howard, le ofrece acompañarlo a las montañas para llevar a cabo un trabajo de campo, se siente la mujer más feliz de mundo. Lo que ignora es que tendrá que vérselas con Jedidiah y con el resto de los Mountain, tarea que no hará fácil su trabajo y le permitirá comprender que hay un tipo de hombres a los que les vendría bien una cura de humildad.

DESMITIFICANDO LIBROS, POR J. DE LA ROSA

Quienes amamos la lectura hemos desarrollado de forma instintiva una veneración hacia el libro.

Es normal. Posiblemente muchos de los mejores momentos de nuestras vidas nos lo hayan proporcionado sumergirnos entre sus páginas. Desgranar paso a paso una escena. Intentar leer más despacio para que no se acabe aunque el corazón martillea a cien en nuestro pecho. Apartando las lágrimas mientras a nuestro alrededor no comprender por qué lloramos. Riendo como locos. Comprendiendo al protagonista, a la protagonista de nuestra novela mejor quizá que a nadie en el mundo. Aprendiendo sobre los caminos tortuosos de la vida.

Hace muchos años, cuando me tocó realizar las prácticas de empresa de final de carrera, fui destinado a la televisión local de un pueblo cercano.
Por aquel entonces, con veintipocos, yo había recibido la afición por la lectura de manos de las mujeres de mi casa, todas furibundas lectoras, que guardaban sus tesoros con celo. En casa los libros estaban protegidos con una cobertura de vinilo, había que cuidarlos, mimarlos, y por supuesto tener cuidado de que nunca se mancharan ni fueran víctimas del descuido. Para mi madre, para sus hermanas, para mi abuela, los libros formaban parte casi de un mercadeo secreto donde el objeto de tráfico era más precioso que el oro.
Cuando llegué a aquel pueblo de la campiña, mi primer trabajo consistió en entrevistar a una señora, ya muy anciana, que el ayuntamiento galardonaba por su labor cultural y didáctica.
¿Qué había hecho? Algo tan simple como abrir su biblioteca al público en un barrio marginal y atacado por las drogas.
Fui a su casa previa cita. Un piso humilde en una tercera planta, en una calle poco recomendable de un barrio aún menos.
Había libros. Cientos. Miles. Pero no en las estanterías y forrados de plástico como en mi casa. Estaban en el suelo, apilados hasta el techo. Sobre los muebles. Encima de la mesa. Junto a los cacharros de cocina, sujetando las patas cojas de las sillas. Haciendo de bandeja para la cena. Como posamacetas, en el pretil de la ventana, en el baño…
La mujer era una de esas ancianas dulces con sempiterna sonrisa que te gana el corazón, y yo no entendía cómo alguien que como ella, que debía amar los libros, los trataba de aquella manera.

Hablamos un poco, palabras de cortesía. Antes de que yo entrara en materia ella me pidió que tomara un libro cualquier y lo abriera. Tenía junto a mi mano, en una mesa donde estaba servido el café (un gato durmiendo, varios periódicos y muchas pilas de libros), un raído ejemplar «La Regenta». Lo tomé. Lo abrí… y aún me horroricé más.

El libro estaba «destrozado». Había anotaciones por todos lados. A bolígrafo, a lápiz. A rotulador. Dibujos. Esquemas. Gráficos. En los márgenes. Entre las líneas. Cruzando la página. La miré sin comprender. El premio que le iban a dar, la sabiduría que enseñaba su semblante y lo que veía, no cuadraban en absoluto.

Y así están todos. Más o menos —me dijo

Fue entonces cuando me contó lo siguiente:

Cuando llegó al barrio como profesora hacía cincuenta años no había biblioteca pública, así que decidió abrir su casa a quienes quisieran leer. Un café, una comida y un libro. Para muchos leer era comer. Pero pronto se dio cuenta de que no se generaban vínculos entre los lectores y los libros, así que empezó a pedir que una vez devuelto le contaran sus impresiones. Le impactó tanto el darse cuenta de que un mismo libro era un mundo completamente diferente para cada persona que lo leía, que su siguiente paso fue inevitable. A cambio de prestar un libro, de un plato de comida, pedía que fuera devuelto con anotaciones.
Así lo hizo. Cada libro de aquella casa era mucho más rico que su hermano de la mía: era la obra de un autor, más las impresiones de varias generaciones de chavales de aquel barrio.

Dejaron de ser sagrados para ser divinos.

Ese día aprendí una de las lecciones más importantes de mi vida. Yo, un muchacho que se lavaba las manos antes de coger de la estantería sin rastro de polvo su libro forrado de vinilo: 

Hay que perderle el respeto a los libros, porque la intimidad solo se logra cuando nos manchamos las manos y cuando dejamos parte de nosotros en el camino.

CARTA ABIERTA A LOS EVENTOS DE NOVELA ROMÁNTICA

 

El concepto de “Comunidad” es bien conocido en el ámbito literario de la novela romántica.

Recuerdo que en 2004, cuando empecé a interesarme profesionalmente por este género, lo primero que me sorprendió fue la cantidad de lectoras, también autoras, que se concentraban a través de las webs temáticas (permitidme el uso del femenino, pero es una cuestión de números): El rincón romántico, Románticas al horizonte, Autoras en la sombra, Noches de Almack, o Gauchas románticas eran algunas de estas webs que canalizaban los deseos de intercambiar impresiones de miles (sí, miles) de lectoras, así como las ganas de sentirse leídas de decenas de escritoras que por entonces tenían difícil (salvo raras excepciones) la posibilidad de ser publicadas como autoras de novela romántica en las editoriales que entonces lo hacían, ya que era un género netamente anglosajón donde primaban las traducciones.

Cuento esto porque el deseo de interconectarnos, de hablar de lo que nos apasiona, de contarnos, es algo que existe desde que yo me acerqué tímidamente al género hace ya más de una década.

En cierto modo hemos hecho un viaje inverso, de lo digital a lo analógico, y de ahí, de esta necesidad, han surgido los muchos eventos sobre novela romántica que hoy recorren el territorio y que son, como intento explicar, una necesidad real.

Vosotras, como organizadoras, sois conscientes más que nadie del esfuerzo que es necesario volcar para poner en marcha cualquiera de estos encuentros y creo que lo primero que hay que hacer es agradecéroslo. Sobre todo cuando se cuenta de antemano con que no serán del gusto de todos. Cada asistente tenemos una expectativa: como lector, como editor, como autor. Algunas sumamente particulares, y dar respuesta generalizada es complicado.

Las satisfacciones como organizadores son grandes, pero también los disgustos. ¿Ninguna habéis pensado en algún momento… “Pero yo por qué me he medito en esto”? La respuesta es fácil: Este mundo nos apasiona y las recompensas (grandes en forma de afecto, de generación de redes), o pequeñas (de difusión), no siempre compensan los disgustos.

Durante los últimos cuatro años he recorrido muchos de los eventos dedicados a la novela romántica de este país… ¡Qué grandes sois, chicas! ¡Qué capacidad de congregar y organizar!.. Por eso creo que podemos, entre todos, aportar ideas que renueven el formato evento y lo hagan más atractivo. ¿Cómo? Lo ignoro, por eso quiero recopilar con vuestra ayuda, la de autores y lectores, una lista de ideas que puedan ser recogidas por vosotras para usar según creáis.

EMPECEMOS LA LISTA DE IDEAS QUE ESPERO QUE SE AMPLÍE CON LAS APORTACIONES DE NUESTRA COMUNIDAD

1. Nuevos formatos: Sería interesante buscar nuevos formatos de eventos. Somos gente con imaginación, seguro que se nos ocurren. Por poner un ejemplo, me fascina el formato “lecturas” que se ha perdido completamente en nuestro país; una noche para leer entre todos una obra mientras tomamos algo… He sido incapaz de encontrar el nombre y el enlace de un evento de este tipo que se hace en Colonia (Alemania); lecturas literarias en bares, hoteles, teatros, etc. de toda la ciudad. ¿Os imagináis que la próxima novela de Megan Maxwell, o de Lola P. Nieva, se presente con una lectura completa en un teatro antes de que salga a la luz? Y apunto esto porque el formato auditorio (una mesa que expone y un público que recibe la información) es perfecto para un congreso pero muy cansado si no se cuidan tres factores: los contenidos tienen que ser originales e interesantes, los ponentes deben tener una buena capacidad comunicativa, y los moderadores deben ser muy dinámicos. Si ahondamos en los temas que circulan alrededor de la novela romántica nos damos cuenta de algunos problemas:

  1. Los temas son finitos, por lo que aunque lo intentemos, terminamos repitiéndonos.
  2. Hay autores maravillosos que somos un autentico tostón delante del público porque lo que tenemos que contar y lo que contamos bien lo hacemos en 400 páginas y no es una mesa de debate.
  3. Muchos de nosotros sabemos mucho de novela romántica pero no tenemos la capacidad de hacer dinámica una mesa cuando actuamos como moderadores.

2. Encuentro profesional: necesitamos un encuentro profesional porque muchos de quienes acudimos a los eventos somos autores y aún tenemos mucho que aprender.

3. Nuevas tecnologías: creo que no solo son interesantes para que podamos transmitir los eventos mediante Periscope, o abrir un turno de preguntas por Twiter, o… creo que funcionaría bien un encuentro digital si sabemos encontrar la manera de unirlo a lo analógico.

4. Mayor participación de los lectores: Los autores existimos porque existen lectores. Sus ideas y sus necesidades son importantísimas. Habría que recogerlas. ¿Cómo podemos hacer dinámica y no receptiva la participación de los lectores?

5. Calendario: es complicado saber qué evento se hará dónde y cuándo. Necesitamos un punto de información abierto y participativo que recopile todo esto (tipo wiki, quizá). Existen blogs y autoras (Como Paola C. Álvarez) que lo han recogido, pero sería necesario una web de información donde cada evento pueda subir sus contenidos a un calendario, y todos tener la información de primera mano.

Ahora te toca a ti. Si tienes ideas, AÑÁDELAS EN LOS COMENTARIOS. 

TÚ ANTES QUE YO, POR J. DE LA ROSA

Si algo tenemos claro tú y yo es que queremos ayudar a quienes amamos: familia, amigos, vecinos, compañeros del trabajo y de la vida. 

Leía este verano que a pesar de lo que nos cuentan las noticias, el ser humano es un ente que tiende a hacer el bien y a ayudar a los demás. El ejemplo que ponían era universal. Cuando leemos sobre una catástrofe, por ejemplo el terremoto de México o el atentado de Barcelona, “sentimos” automáticamente. Algo se dispara en nuestro cerebro, en nuestro corazón, y aparece la compasión. Nos preocupa lo que les ha pasado a esos desconocidos, nos angustiamos por sus familias, por sus pesares, aunque nos separen miles de kilómetros. Es algo general y que no controlamos. Es parte de aquello que nos hace humanos… a pesar de lo que digan las noticias.

Sin embargo, creo que cuando hacemos el bien a los demás, cuando ayudamos a aquellos a quienes queremos, debemos conocer cuál es el límite de nuestras vidas, porque no podemos realizar la vida de otro ni encargarnos de sus tareas. Hay responsabilidades que no son transferibles. Que solo son asumibles por aquel a quien le ha tocado llevarlo a cabo, y nosotros, los que los queremos, solo podemos estar ahí, ayudar, apoyar, pero no intervenir.

Me vienen a la cabeza algunos ejemplos:

➽ Es tu responsabilidad educar a tus hijos, no la mía ni la de sus profesores. Yo puedo ayudarte, pero no puedo hacerlo por ti.

➽ Es tu trabajo aceptar tu sexualidad, aunque duela. A mí me tendrás a tu lado siempre que lo necesites, en los momento oscuros y difíciles, lucharé a cada momento por los derechos y la reparación de las injusticias, pero tú tienes que aceptarlo.

➽ Es tu tarea aclarar la situación con tu pareja. Yo puedo aconsejarte lo que la vida me ha enseñado, pero no puedo poner mi corazón en la mano para mostrárselo a ell@.

➽ Es tu obligación cuidar de los que te han cuidado. Yo puedo ayudarte, darte mi tiempo y mi escaso dinero, pero ese es tu camino y debes recorrerlo tú mismo.

➽ Es tu necesidad gestionar el legado de tus padres. Yo puedo decirte cómo se clasifica, cuál es la forma más eficaz, de qué manera puede ser más fácil. Pero eres tú quien debe abrir las cajas escondidas en el trastero y mirar dentro, una a una.

➽ Es tu destino tomar decisiones. Yo puedo decirte que no existen las decisiones acertadas. Cada una te llevará en una dirección y te garantizo que nunca será la que esperabas, pero debes ser tú quien elija cuáles son las adecuadas.

En definitiva, creo que ayudar a los demás consiste en ofrecerlo todo, teniendo muy claro cuál es tu proyecto vital y cuál es el proyecto de vida del otro, sin injerir ni permitir injerencias.
 

EL LADO SALVAJE DE LA VIDA, POR J. DE LA ROSA

 

Tengo una ligera obsesión, quizá enfermiza, por entender qué diablos hago en este mundo. Posiblemente tú también, y Aristóteles, y Séneca, y Kant, y todo aquél que en algún momento se ha planteado si somos el mero fruto de una casualidad o si existe una explicación a algo tan complejo como es nuestra conciencia.

Veo la vida como una espiral ascendente. Quizá porque los huracanes y los tornados tienen esa forma y su fuerza centrípeta lo arrastra todo hasta arriba y hacia el centro hasta llegar a un punto donde muere. Así veo yo la existencia. Naces y el plan, aunque un tanto frívolo y simplista (permítemelo), ya está trazado:

  • Te educan para seguir las reglas de comportamiento.
  • Adquieres el cocimiento teórico necesario para vivir en sociedad.
  • Terminas los estudios.
  • Te sacas el carnet de conducir.
  • Conoces a alguien (este punto puede ir antes o después).
  • Alquilas o comprar un piso.
  • Tienes un hijo o varios.
  • Los grupos de papás y mamás.
  • Un coche más grande.
  • La casa de la playa.
  • Más horas de trabajo para pagarlo todo.
  • Cambias de coche por uno mejor.
  • Los hijos empiezan a marcharse.
  • La jubilación y los sueños que ya no tienes fuerzas para cumplir.
  • Posiblemente el divorcio en algún punto del trayecto.

Sí, demasiado simplificado y esquemático, pero  solo es para entendernos, porque después de esto hay que empezar de nuevo hasta llegar a una meta que es lo único cierto que tenemos al nacer.

Si desde que naces te dejas arrastrar por esta enorme fuerza centípeta que tiene forma de espiral, es posible que las cosas te vayan bien. Y si no es así, al menos casi te puedo garantizar que podrás encontrar respuesta a tus preguntas entre los que te rodean.

Los que por alguna razón nos quedamos fuera de la espiral, o porque decidimos no estudiar, o porque preferimos no tener pareja, ni hijos, ni un trabajo estándar, ni un coche grande ni pequeño. Los que incluso decidimos poner en cuestión la bondad de esta espiral ascendente y arrolladora aunque repleta de seguridad, solemos tener problemas. Quizá no más que los otros, pero sí es más complejo encontrar las respuestas porque no hay una tradición social centenaria que ya las haya dado.

En definitiva, creo que la única razón por la que estamos aquí es para conocernos a nosotros mismos y experimentar qué nos puede ofrecer la vida.

Vivir fuera de la espiral es lo que Lou Reed llamaba Walk on the Wild Side. En el imaginario de Lou entiendo que un tanto más alocado que en el mío, pero igualmente al margen de lo «correcto». Un camino duro y excitante lleno de peligros. ¿Te apuntas?

 

(SONRISA DE BOBO)… FINALISTA DEL PREMIO LITERARIO AMAZON 2017, POR J. DE LA ROSA

¿Exactamente a qué juega la vida con nosotros? Hace unas semanas hablaba de la Rendición, y te contaba que a veces es necesario rendirse, dejar que las cosas sucedan, no forzarlas, porque al final lo que tiene que pasar pasará.

Antes te había contado por qué había autopublicado «Bajo el Puente de los Vientos», y una de las razones era que quería que todas las responsabilidades de mi decisión de hacer “lo que me diera la gana” no recayeran sobre una editorial que me había mimado y cuidado, sino sobre mí mismo.

Y un poco antes te había contado por qué había dejado de escribir en septiembre de 2016 y cuáles eran mis intenciones en el futuro.

Ayer, cuando recibí la llamada de Álvaro, Project Management de Amazon, para decirme que era uno de los cinco finalistas del Premio Literario Amazon 2017 tuve que hacer aquello que hago cuando necesito comprenderme: caminar

¿Conoces Sevilla? (¿Noooooo? Pues deberías. Llámame, que soy buen Cicerone). De mi trabajo a mi casa estuve circunspecto durante más de una hora, pensando en qué podría suponer ser finalista de un premio como este.

Mi conclusión es esta: voy a disfrutarlo. Siempre había querido que la escritura me aportara un medio de vida, porque es lo que más me gusta del mundo, escribir. Solo escribir. Pero hace tiempo que descubrí que lo que me regalaba día a día este divino oficio son personas. Relaciones con gente que nunca hubiera podido conocer si no hubiera escrito un libro. Y eso, amig@ mí@, es lo que más me sorprende y los que más me gusta de este mundo lleno de sorpresas.

Que gane quien deba. En noviembre, emocionado pase lo que pase, retomaremos este post.

#Premioliterario2017, #PremioAmazon2017, #Premioindie2017, #Bajoelpuentedelosvientos.