EL AMOR ROMÁNTICO y LA NOVELA ROMÁNTICA.

El amor es un fenómeno químico inherente (al menos) al ser humano, difícil de controlar, imprevisible, del que aún sabemos muy poco. Encontramos textos que hablan de los mismos efectos que el amor provoca en ti y en mí en jeroglíficos egipcios del Imperio Nuevo, en tablillas mesopotámicas, en poemas griegos y romanos, y así hasta nuestros días. Lo que hoy se suele llamar “amor romántico”, en cambio, es un comportamiento aprendido que surge a partir del amor y que tiene diferentes ramificaciones que hoy son puestas en duda al no dar respuestas válidas a los cambios sociales que estamos presenciando. La novela romántica es un género literario que tiene como conflicto principal una relación amorosa.


El objeto de este artículo es reflexionar sobre lo que hoy conocemos como “Amor romántico” y cómo la novela romántica se relaciona con él.


El género romántico, como novela de alto consumo, es uno de los que más vende entre los de ficción, y en el creciente mercado digital ya supone un 22,6% de todas las ventas. Los datos objetivos no son fáciles de encontrar ya que, como reconoce el Gremio de Editores de España en su informe de 2018, “es difícil de evaluar (el análisis) por materias, pues una novela puede ser contemporánea, romántica y erótica a la vez”. Hablamos de un género que ha aumentado sus ventas un 20% en el último año.


Un tipo de literatura tan leído, tan demandado, tiene una acusada capacidad para permeabilizar ideas sobre un grupo amplio de lectores cuyas características definió muy bien el portal “El rincón de la novela romántica” (de los más antiguos -quizás el más-, y visitados) en una encuesta a sus usuarios de hace varios años. De ahí podemos extraer que el perfil del lector de este tipo de publicaciones es mujer, con edades comprendidas entre los 16 y los 40 años (de 16 a 30 el 33,9% y de 31 a 40 el 40,2%), el 52,4% tiene carrera universitaria, el 48,5% son trabajadoras, y el 57,5% mantiene una relación estable. El 55% considera que la novela romántica no es machista y el 45% considera que quizá lo fuera en el pasado pero que las cosas han cambiado. Hablamos de lectoras que compran hasta 4 novelas al mes (el 50,9%) e incluso más de 5 (el 48,5%).


Por lo tanto, en vista de la influencia que la literatura puede ejercer sobre la opinión, es interesante analizar qué tipo de principios, comportamientos, ideologías, está cimentando este tipo de novelas sobre un sector tan extenso de la población.


Hay evidencias de que el amor romántico (no el amor a secas, como especificaba al principio, que es un fenómeno inherente al ser humano) está en vías de extinción en una sociedad como la nuestra, donde la igualdad, la diversidad, el desmontaje de antiguos roles, avanza (menos mal) a pasos agigantados.


Pero, ¿qué entendemos como amor romántico? Busquemos una definición aséptica y tiremos de Wikipedia: “Las características más señaladas de este tipo de amor se confirman y difunden a través de relatos literarios, películas, canciones. Se trata de un tipo de afecto que ha de ser para toda la vida (te querré siempre), exclusivo (no podré amar a nadie más que a ti), incondicional (te querré pase lo que pase) e implica un elevado grado de renuncia (te quiero más que a mi vida)”.


Si le das una vuelta a este concepto verás que es más amplio y con más ramificaciones dependiendo del grupo social o ideológico que lo analice, pero estos cuatro puntos suelen ser afines a todos ellos.


Hagamos un recorrido con cada uno de estos aspectos:


Un amor para toda la vida:

 

Este primer gran principio del llamado amor romántico es difícil de sostener hoy en día. Según el INE, la duración media de los matrimonios en España es de 16,3 años. Según la comunidad científica, la química del amor dura aproximadamente 3 años, que es lo que tarda en desarrollarse y desaparecer el cóctel químico que nuestro cuerpo segrega cuando nos enamoramos. Así que, lo veamos desde el punto de vista de las relaciones o desde un punto de vista meramente científico, es difícil que el enamoramiento (no así la pareja) dure hasta que la muerte nos separe. Lo natural, y posiblemente lo habitual, sería una consecución de amores (en línea o en paralelo) a lo largo de nuestra vida, que además es más larga cada vez.


Un amor exclusivo:


Este principio implica que somos la mitad de algo, por lo que debemos buscar a nuestra otra mitad (nuestro enamorado/a) para ser completos y, una vez encontrado/a, será para siempre y llenará cada aspecto de nuestra vida, eternamente: será nuestro mejor amigo, nuestro mejor amante, nuestro compañero en cada momento, nuestro apoyo, nuestro psicólogo, etc. Dicho de otra manera, cada uno de los aspectos que en las sociedades tanto primitivas como avanzadas deben cubrirse mediante el clan, el grupo, la comunidad, recayendo sobre un solo individuo. Esto, aparte de imposible, es tremendamente injusto e irreal. Hoy entendemos que no somos la mitad de nada, y que para tener una relación plena debemos ser plenamente nosotros mismos.


Un amor incondicional:


Al día de hoy sabemos que, si el amor químico desaparece a los tres años, y estamos evolucionando a una sociedad igualitaria y diversa (menos mal), es difícil que una relación perdure en el tiempo si no es teniendo claras las condiciones y límites entre las partes. En contraposición a esta idea, lo que vamos viendo a nuestro alrededor es una visión más realista, elástica e igualitaria de las relaciones, que se diseña poco a poco, al gusto de sus componentes, de forma equitativa. Relaciones que se basan en el compañerismo y el trabajo en equipo.


Elevado grado de renuncia.


Al menos en lo que se refiere al sexo parece que este principio tampoco se cumple hoy en día. Según publicaba el diario El Mundo en junio de este año, el 30% de las mujeres españolas ha sido infiel a su pareja (lo que se conoce como una relación abierta no consensuada) frente al 42% de los hombres (casi uno de cada dos). A la vez, conceptos que hace unos años nos parecían meras curiosidades, como las diferentes formas de poliamor (relaciones abiertas consensuadas), se van naturalizando en una sociedad que no encuentra del todo respuestas en el tradicional modelo monógamo.


Llegados a este punto tengo que aclarar dos cosas. La primera, como es evidente, es que estoy de acuerdo con que el modelo del amor romántico no responde a las necesidades actuales de nuestra sociedad. La segunda, que soy escritor de novela romántica.


¿Cómo pueden casar estos dos puntos? Sobre todo, cuando suele ser habitual identificar a la novela de este género como una “herramienta” para consolidar los valores que emanan del amor romántico.


Lo primero que debemos tener claro es que este amor romántico es transversal a la literatura en todos sus géneros. Si hablamos de novela, lo vamos a encontrar en las de terror, en las de ciencia ficción, en las contemporáneas, en la negra y todos sus derivados, en la experimental, en el thriller, en las landscape, etc. Si hablamos de autores, hallaremos amor romántico en los clásicos, en los contemporáneos, en autores de bestseller, en los que hacen literatura experimental, etc. ¿En todas estas novelas? ¿En todos estos autores? No. En algunos. Y lo mismo sucede con la novela romántica. ¿En todas las novelas románticas? ¿En todos los autores? No. En algunos: encontrarás novelas y autoras que plantean sus obras desde los preceptos del amor romántico, y otras que lo hacen desde puntos diametralmente opuestos, buscando respuesta a los nuevos retos que desafían a nuestra sociedad. Como en el resto de géneros literarios, ni más ni menos. 


Es más, la novela romántica y al contemporánea tienen una característica común: tratan principalmente de relaciones (amorosas la primera y personales la segunda), y se han centrado en indagar las diferentes posibilidades entre dos entidades. Esto, desde mi punto de vista, ha hecho que vayan un paso por delante en analizar y explicar las nuevas formas de relaciones entre individuos a través del amor (en el caso de la romántica), cuando en otros géneros ni siquiera se lo plantean.


¿Cómo es esto posible en un género que, quienes no lo han leído, lo tachan de conservador? Pues así es. Encontramos novelas que plantean relaciones poliamorosas antes incluso de que este concepto se hiciera “moderno”, como es el caso de la saga Crepúsculo, con casi 15 años a sus espaldas desde que se editó el primer volumen. O, aparte de polémicas, novelas que tratan para el gran público mayoritario el sexo de forma clara y explícita, sin tapujos, y se adentra en las relaciones no tradicionales, como es el caso del BDSM.


Es cierto que en el pasado la novela romántica explotó al máximo el amor romántico como modelo relacional (es lógico, era el modelo imperante), pero hoy en día no es una generalidad. Con la aparición de autoras de habla hispana (sobre todo españolas) este canon griego, macerado en Roma, impulsado por el amor cortés y difundido por la sociedad victoriana, ya no es el modelo central del género.


Al contrario de lo que se puede pensar, la heroína tipo de la novela romántica que se escribe y lee en la actualidad no tiene nada que ver con lo que el estereotipo hace pensar. En la mayoría de los casos se trata de mujeres independientes, empoderadas, que hablan de igual a igual, que no necesitan ser protegidas, guiadas ni acompañadas, sino que se enfrentan al amor como el cóctel de enzimas que es e intentan reaccionar ante él con la cordura de que son capaces. Y en la novela romántica no hay límites, otra de sus virtudes: se estudia el poliamor en todas sus facetas, las relaciones interraciales, entre clases, entre especies, diversas, el sexo en todas sus variedades, los sentimientos más allá de las tragedias griegas.


¿Y el “felices para siempre”? Toda novela romántica termina con un final positivo que genera en el lector esta sensación, es cierto… ¿Cómo casa esto con todo lo anterior? Aquí me atrevo a darte mi opinión: la mayoría de las novela románticas trabajan el proceso de enamoramiento (dos entes se conocen, aparece el amor, hay un conflicto que impide que se consuma, hasta que se resuelve el conflicto con un final positivo), y no conozco a nadie que cuando se enamore no piense que no será para toda la vida, dure un día, una semana o cincuenta años.


En conclusión, amor romántico y novela romántica no es lo mismo. La novela romántica trata sobre el amor, entre otros, el amor romántico.


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4 Comentarios

  1. La novela romántica te hace soñar, sentir, vibrar, reír, llorar, etc. El amor romántico…todo lo que la novela romántica te puede hace sentir, etc.. añadiendo que el amor dura hasta que dejas de ser lo que en realidad eres, dejas de ser tú y entonces pierdes tu esencia, ilusión y tus sueños. Seguro no será lo mismo el amor romántico a la novela romántica, pero sin la novela romántica que haríamos las enamoradas de algo imposible?

  2. Buenas tardes caballero,
    Cómo siempre sus letras son certeras, concisas y claras.
    A veces me encuentro que conceptos como los que expones en tu artículo no son entendidos, los pseudosesudos siguen arriesgando una y otra vez que el romanticismo (el género literario) es una cosa y la novela romántica les ha robado el término y lo hemos prostituido.
    Que nuestros personajes son pobres y no tenemos pretensiones literarias, nos insultan a las lecturas a los autores y a los profesionales del sector con éstas argumentaciones, que somos (todos) consumistas y que como es un género que vende lo fabricamos a medida para su venta y que por eso somos un género de segunda.
    Mi opinión personal sobre éstas argumentaciones es que hay mucha envidia y no sana por las ventas de la novela romántica, la fidelidad de las lectoras y la dedicación que hacéis los autores

    Los escritores de novela romántica sois transgresores, os avanzais a las tendencias y las creáis porque escribís sobre las personas y sus relaciones, sobre la realidad por un lado y por otro creáis mundos fantásticos basados en los sentimientos, que en definitiva, es lo que mueve el mundo, aunque ese sentimiento sea la avaricia por ejemplo.

    Un placer leerte,

    Ximena


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