
Bajo el Puente de los Vientos podría haber salido a finales de este año con Titania o el próximo año con Harper Collins. Con ambas editoriales, a las que admiro por su buen hacer, podría haber tenido una excelente cobertura: buena distribución, mesa de novedades, prensa, eventos, seguimiento.
Decidí no aceptar ninguna de estas dos buenas ofertas porque es la única manera de sentirme moralmente libre para hacer o no hacer nada.
Explicaba hace unas semanas por qué dejé de escribir en 2016 y también por qué a partir de ahora es lo único que pretendo hacer. Decía que ignoraba si saliendo del circuito habitual seguiría teniendo el apoyo, no tanto de mis lectores habituales como de otros nuevos. Y mi conclusión es que este riesgo debo asumirlo en solitario.
También lo hago porque soy y seré un defensor de este sistema, que permite al escritor ser dueño de cada uno de los procesos que llevan una novela a tus manos. Creo firmemente que un autor debe transitar hoy en día por ambos caminos; publicar y autipublicar. Eso es todo. No hay más. Así de fácil.
Mi principal fuente de inspiración han sido las Memorias de aquellos que vivieron estos años de cambio y revolución. Madame Campan ha marcado el tono, y Lucy Dillon el cuerpo de la historia. Alguna de las anécdotas que vas a leer las cuentan estas dos mujeres en sus manuscritos biográficos, pues fueron testigos de los acontecimientos que sufrieron en sus propias carnes. ¿Cuáles? Las más increíbles. Las que parecen haber brotado de la pluma imaginativa del autor, mostrando una vez más que la realidad siempre supera a la ficción.




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