Por qué “El amor y la ira”.

“El amor y la ira” fue una de esas novelas que no pedí escribir. Me explico: no surgió de una idea, de un protagonista que aparece en tu cabeza, de una situación interesante, de un conflicto con potencial. Esta novela fue el resultado de un enorme disgusto.

¡Sorteo de lanzamiento durante el mes de febrero! Un lote de 12 libros.

Visitaba una exposición cuando cayó en mis manos un ejemplar del informe que la asociación ILGA realiza cada año sobre la homofobia de estado, o lo que es lo mismo, cómo los estados reprimen a las personas por amar.

El centro del informe es un gran mapa donde se clasifica a cada país por su nivel homófobo y por el avance en las leyes de igualdad. Esa parte es muy didáctica y la había visto otras veces, aunque desde nuestra cómoda posición occidental el tema de conversación y la indignación suele pasar en unas horas.

Mapa sobre las leyes de orientación sexual en el mundo.
https://ilga.org/es/informe-homofobia-estado

En esta ocasión me leí el informe, página a página, letra a letra, y cuando visualizas las situaciones a las que son sometidas las personas, personas reales, de carne y hueso, con nombre y apellido, un padre y una madre, pasiones e ideas, quizá suelos a alcanzar… cuando lo lees y lo comprendes que todas estas comodidades, estos derechos que creemos que son inalienables por ser hombre, o mujeres, o gays, o lesbianas, o trans, o bisexuales, o… todas pueden dar un paso atrás, ser revocadas. Y lo peor de todo, que puede hacerlo un Estado, el garante de que vivamos seguros y nos convirtamos en una comunidad.

Por eso escribí esta novela denuncia donde no cabía la normalización de la diversidad, sino la visualización del terrorismo de estado contra sus ciudadanos. En esta ocasión es un país de cultura musulmana, pero da igual. Puede ser de tradición cristiana, o budista, que de todos hay.

Un borrador de esta novela lo publiqué acabada de terminar y lo hice bajo pseudónimo. Usé un Javier Giménez que me sonaba a anónimo, porque no soy de alzar la mano ni espolear banderas.

Sin embargo, este año ha vuelto a caer en mis manos el informe ILGA y he vuelto a leerlo. Y ha sido como salir del armario. Por eso la publico revisada, acabada, y con mi nombre. Para gritar “Ni un paso atrás”.

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